jueves, 9 de marzo de 2017

010

Desperté por mi mismo, hacia ya mucho tiempo de que por una cosa u otra siempre era el despertador quien me hacia abrir los ojos por la mañana, que bien sentaba aquello, poder despertarse, estirarse en la cama con los brazos en cruz, con el aire acondicionado sintiendo el aire fresco sin preocupación de que Juan me echara bronca, me note la cara húmeda, pensé que era de la sudor por la calor, pero estaba encendido el aire acondicionado, pase la mano por la nariz suponiendo lo que podía ser, porque no era la primera vez, efectivamente, mi mano contenía sangre, anoche abuse con el tema de la venganza personal, cuando me forzaba mucho con aquella habilidad siempre amanecía sangrando, lo que me sucedía no era normal, vete a saber a las presiones que se exponía mi cerebro con todo aquello, al medico y pruebas no iba a ir porque me iban a tomar por loco o experimentarían conmigo, así que lo mejor es callárselo para uno mismo, fui al lavabo a darme una buena ducha, pero antes como siempre preparaba la cafetera era una manía que tenia, mientras me duchaba que se hiciera el café para cuando saliera sentir ese aroma de café recién salido de la ducha, pequeñas manías de cada uno, así que café en mano con pantalones cortos solo me dirigí a la terraza y me puse a tomar mi café y mi buen cigarrillo de la mañana, encendí el teléfono móvil, cuando arranco vi que tenia más de veinte llamadas perdidas de Sara, una gran sonrisa invadió mi cara.
—Venganza realizada, me gustaría saber como se habrán levantado aquellos dos.
Al par de minutos de que el teléfono estuviera operativo recibió llamada de Sara, recibiría una notificación de que el teléfono estaba ya operativo, pensaba no cogérselo y retorcer más el momento, pero bastante retorcí los sueño, además conociendo lo aprensiva que es ella.
—Dime Sara.
—Ya era hora que cogieras el maldito teléfono, necesito hablar contigo urgentemente, podría pasarme por tu casa y hablar.
—Necesito hablar contigo, te lo pido como favor.
—Creo que ayer quedo todo muy claro Sara, pero esta bien, di lo que tengas que decir.
—Gracias, en un rato paso por tu casa cuando termine un par de cosillas que tengo pendientes.
Corte la llamada, le di a un sorbo del café sonriendo. Pasaron unas dos horas cuando llaman a la puerta, supongo que seria Sara para hablar, nada más abrir la puerta se me echa encima abrazándome, deje que se desahogara con en abrazo efusivo, después le dije que pasara dentro que se pusiera cómoda en el sofá, fui a la cocina a preparar café, la verdad que la notaba muy distinta a siempre, veo las pesadillas han tocado en el fondo. Cuando el café estuvo preparado me senté a su lado.
—Dime, de que quieres hablar, ¿a pasado alguna cosa? —le pregunte—.
—La verdad que ha sido una noche muy rara, he tenido unos sueños me han dejado trastocada, me ha llamado Andrés, el chico con quien me vistes ayer que se sentía indispuesto y no había pasado buena noche, también me ha llamado Alba diciéndome un sueño de lo más casual que haya podido ser, por que es igual que uno de mis sueños de esta noche.
—Tranquilízate y ves más despacio y cuéntame las cosas una por una, ¿que le ha pasado al tal Andrés ese?
—Me ha llamado esta mañana diciendo que ha tenido también mala noche y que se sentía indispuesto, solo eso.
—¿No te ha especificado nada mas? —pregunte haber si me decía el porque el pobre estaba indispuesto—.
Me estuvo contando sus sueños, yo me hacia el interesante como si no supiera de que iba el tema, lo que más le choco fue que Alba tuviera el mismo sueño que ella, pero la versión de Alba era que estaba intimando con ella y nos pillo en su habitación, a mi también me choco, ¿porque se filtro Alba en los sueños cuando con ella no era? 

lunes, 6 de marzo de 2017

009

Uno de los mayores miedos de Sara es la soledad, mucha gente le tiene miedo a quedarse sola, pero en el caso de Sara es una cosa que le da mucho miedo, puede con ella, así que para rematar mi pequeña venganza que menos que darle un poco de sabor a ese miedo que tiene. Después de haberme visto con su amiga de la infancia Alba, no lo llevo muy bien, cayo en depresión y se encerró mucho en su vida en ella misma, dejando muchas cosas de lado, esa situación le supero, también quise que lo viera así. Una mañana se despertó y no veía a nadie a su alrededor, salió a la calle y tampoco veía a nadie, las calles desérticas, sin un alma, Sara estaba totalmente no entendía nada, donde estaba la gente de la calle, entrado y saliendo de los negocios, los coches pasando por la calle, nada de nada, habían desaparecido por completo todo indicio de vida, tanto humana como cualquier otra, no se veían pájaros ningún animal, nada de nada, Sara comenzaba a respirar cada vez más rápido y poniéndose muy nerviosa.
—¿Que ha pasado aquí no hay nadie? —se preguntaba desconcertada—.
Volvió a su casa, pues no sabia que hacer con toda aquella situación, con la mala suerte que se olvido de coger las llaves para poder entrar en su domicilio, su cara era totalmente de pánico, como iba a entrar en su casa sin las llaves, por mucho que llamara nadie le contestaba, estaba sola en el mundo, volvió a salir a la calle y se dirigió a un parque y se sentó en un banco, pensando e intentar encontrar una respuesta lógica a todo ese caos, pensó de todo, una de sus ideas es que por la noche vinieron unos extraterrestres y se llevaron a toda vida del planeta, pero porque a ella no, tiene que haber alguien más aparte de ella, se había encerrado mucho en ella misma, pero no de llegar al punto de que ni se diera cuenta de que la vida en el planeta no existía, algo tenia que haber sucedido. Fue pasando el día, caminando de un lado a otro sin ver rastro de vida, el día fue llegando a su fin y comenzó anochecer, fue hacia el parque y se sentó en el banco de antes, con los pies encima del banco, rodeando sus piernas con sus brazos.
—No puede estar pasando esto, tiene que ser una pesadilla, ahora me dormiré y cuando despierte habrá sido todo un mal sueño.
Y eso hizo se tumbo en el banco del parque y a los pocos minutos cayo dormida por el día que llevo, de un lado para otro sin parar buscando alguien que le pudiera dar una explicación de lo sucedido. Llegaron los primeros rayos de luz y Sara despertó, tenia todo el cuerpo entumecido de haber pasado la noche a la intemperie, cuando abrió los ojos y vio lo mismo se dio cuenta de que no fue un sueño lo del día anterior, estaba sola en el mundo. Fueron pasando los días y cada día que pasaba se sentía más desesperada sin saber que hacer, comía de lo que podía encontrar en los almacenes y algunas tiendas, por las noches dormía en un pequeño hostal que pudo encontrar, seguían pasando los días, su desesperación era mayor, no le encontraba ningún sentido, un día fue a un edificio de oficinas alto muy alto, pudo llegar a la azotea del edificio, era el edificio más alto de toda la zona, observo y observo pero ningún indicio, estaba claro que estaba sola en el mundo, cansada y desesperada se puso de pie en el borde de la cornisa de la azotea del edificio, miro hacia abajo, respiro hondo.
—Solo serán unos segundos y todo habrá terminado, no puedo continuar con esta locura.
Alzo los brazos en cruz, cerro los ojos, puso su cuerpo un poco echado hacia delante y la fuerza de la gravedad hizo el resto, su cuerpo comenzó a caer justamente en el momento que iba a chocar en el suelo, despertó y abrió los ojos.